Una nueva encuesta nacional de la consultora Giacobbe confirma ese desplazamiento estructural del eje político: Cristina Fernández de Kirchner aparece definitivamente asociada al pasado, mientras que Javier Milei concentra la centralidad del presente y del conflicto. Tras un inicio de año marcado por el debate legislativo, la atención política se desplaza ahora hacia la capacidad del oficialismo para consolidar su hoja de ruta en el Congreso.
Si se avanza en la dirección que busca el oficialismo, se empieza a consolidar un cambio de ciclo.
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El Informe Público, realizado entre el 27 de enero y el 2 de febrero de 2026 sobre una muestra de 2.500 casos en todo el país, indagó en la imagen de los principales dirigentes, la vigencia de las figuras históricas y el acompañamiento social a las reformas laboral, tributaria y previsional impulsadas por el Gobierno.
Imagen de los dirigentes nacionales
El dato más simbólico del estudio no está en una imagen positiva o negativa, sino en la percepción de época: el 67% de los encuestados considera que Cristina Kirchner es una figura política “del pasado”, mientras que apenas un 11,2% la proyecta hacia el futuro. No es solo rechazo: es clausura simbólica. Fin de ciclo. Desacople histórico.
En paralelo, el sistema político se reorganiza alrededor de nuevos polos. El ranking de imagen positiva lo encabeza la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, con un 44,0%, seguida por el presidente Javier Milei, que alcanza un 42,8% de apoyo frente a un 47,1% de rechazo. Milei no lidera desde el consenso, sino desde la polarización: concentra adhesión, rechazo y centralidad. Es el vértice del sistema.
Del lado opositor, el escenario es más fragmentado y defensivo. Axel Kicillof registra un 25,6% de imagen positiva y un 57,1% de negativa; Mauricio Macri, un 23,2% de positiva frente a un 51,2% de rechazo; Victoria Villarruel, 19,2% de positiva y 46,7% de negativa. El dato estructural es claro: no hay hoy una figura opositora con capacidad de disputar liderazgo nacional desde la opinión pública.
Acompañamiento a las Reformas
Pero el núcleo político del informe no está solo en los nombres, sino en las ideas. En el plano de las reformas estructurales, el clima social aparece más alineado con la agenda del Ejecutivo que con la resistencia discursiva. La reforma laboral muestra un escenario de paridad, con un 45,6% de apoyo frente a un 42,7% de rechazo, mientras que la reforma tributaria alcanza un 36,4% de aprobación. La reforma previsional, más sensible socialmente, presenta mayor fragmentación: 32,1% a favor y 35,6% en contra.
Donde el consenso se vuelve abrumador es en materia de seguridad. La propuesta de bajar la edad de imputabilidad cuenta con un respaldo contundente: 63,6% apoya fijarla en los 13 años, y un 9,5% adicional opta por los 14. Solo el 20,1% sostiene la edad actual de 16 años. El dato no es jurídico: es cultural. Expresa una demanda social de orden, control y castigo como respuesta al deterioro del tejido social.
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El estudio dibuja un escenario político claro: el kirchnerismo pierde centralidad simbólica, las figuras históricas se desdibujan, y el sistema se reordena alrededor de un liderazgo disruptivo que, aun polarizando, mantiene iniciativa, agenda y validación social suficiente para avanzar con reformas estructurales.
La política argentina entra así en una nueva etapa: menos nostalgia, menos épica fundacional, más lógica de poder real. Menos relato, más conflicto. Menos pasado, más disputa por el futuro.
